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miércoles, 2 de marzo de 2016

IV centenario de la muerte de Cervantes

En un lugar de Madrid, cuyo nombre todos recordarían en el futuro como la Casa de Cervantes, falleció hace 400 años  un hombre que cambiaría el futuro de las letras no solo españolas, sino a nivel mundial.
Hablamos, por supuesto, de Don Miguel de Cervantes Saavedra, mundialmente conocido por ser el autor de El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha y, por lo tanto, creador de la novela moderna.
Además del Quijote, Cervantes escribió también La Galatea, las Novelas Ejemplares  y Los trabajos de Persiles y Sigismunda, y mostró también interés por la poesía. No obstante, su gran pasión fue desde siempre el  teatro. Tal vez haya que agradecerle a Lope de Vega que acaparase el éxito en este campo, pues es posible que de haber triunfado aquí, Cervantes no hubiese tomado la pluma para escribir la que luego sería su gran obra. ¿Cómo sería nuestro concepto de novela de no ser por Cervantes y su Don Quijote? Además de la crítica en clave humorística a las estereotipadas novelas de caballerías, Cervantes introdujo en su obra algo tan elemental hoy en día como el desarrollo y la evolución de los personajes a partir de las aventuras vividas. La relación entre Sancho y Don Quijote, la “quijotificación” del primero y la “sanchificación” del segundo, son elementos que alcanzan un nivel de profundidad nunca visto hasta entonces en el género narrativo.

Hoy en día, lectores de todo el mundo disfrutan de las aventuras y desventuras del caballero de la triste figura.  El Quijote ha sido traducido a más de 50 idiomas, y podemos disfrutar de lujosas ediciones, ya sea en lenguas más habituales como el inglés o bien en otras tan exóticas como el tailandés.

I. Edición thai con ilustraciones de Gustave Doré

II. Edición inglesa traducida por Tobías Smollet


Se dice incluso —aunque no se sabe con certeza— que el mismísimo Shakespeare leyó El Quijote y escribió una obra de teatro sobre uno de sus personajes, Cardenio.  Cierto o no, este es solo uno de los elementos que unen a estos dos grandes autores en el imaginario popular. El otro, más extendido, es el hecho de que ambos murieron en la misma fecha.  Siendo precisos, Cervantes murió el 22 de abril y fue enterrado el 23, y Shakespeare murió el 23 de abril, pero según el calendario juliano, que se correspondería con el 3 de mayo del gregoriano. Aun así, tomémonos la licencia poética de decir que este 23 de abril, Día del Libro, se cumplirán 400 años del fallecimiento de estas dos grandes figuras de la literatura universal.  Cuatro siglos después celebramos que, pase el tiempo que pase, su obra sigue muy viva.