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jueves, 26 de abril de 2012

Entrevista a J. M. Somavilla

Ya tocaba. Hemos entrevistado a muchos de nuestros autores en este blog, pero todavía no lo habíamos hecho con J. M. Somavilla, pese a ser uno de nuestros best-seller. Teníamos mucha curiosidad después de haber leído sus novelas y he aquí nuestras preguntas y sus respuestas.
J. M. Somavilla
Usted ha sido oficial de la Marina Mercante, abogado y periodista. ¿Cómo se ha dado esta evolución que le ha llevado a ser escritor de novelas de ficción?

En realidad no hubo evolución. El gusto por escribir lo llevaba dentro y era resultado de un voraz empeño por la lectura. Acariciaba los lomos de los libros con la fruición con que un niño mira las golosinas del mercado o un joven los cuerpos de las muchachas que pasean por la calle. Con quince años, me presenté al concurso literario “Alfonso de Madrigal”, patrocinado por el diario madrileño vespertino “Informaciones” y quedé finalista con un relato sobre Salvatore Giuliano, años antes de que el gran Mario Puzzo escribiera su novela “El Siciliano”. Y pocos años después, al tiempo que dirigía una revista mensual de carácter marítimo, aprovechando intervalos de descanso en mis tareas profesionales, obtuve durante dos años consecutivos el premio “Virgen del Carmen” de la Presidencia del Gobierno y el “Borges” en los Estados Unidos. Pero siendo cierto que la vocación estaba en mí, no pude desarrollarla plenamente hasta quedar liberado de responsabilidades profesionales.
El denario de oro
Novelas históricas, thriller, ciencia-ficción, el Camino de Santiago… Entre sus novelas hay una variedad de temas y géneros evidente. ¿Qué es lo que cree que sus lectores buscan en los libros que escribe?

Exceptuando los lectores de Tú echa un pie… y Guía del Camino de Santiago, que buscan la realidad de la ruta milenaria narrada con cierta ironía —el humor no es evidentemente ninguna broma, sino el seudónimo de la inteligencia— por alguien que la haya vivido plenamente, mentiría si dijera lo que opinan los lectores de mis obras de ficción. Los mayores comentarios que me llegan provienen de amigos y conocidos por lo que considero que sus críticas benévolas y sus elogios, vienen contaminados de origen.
No obstante, creo no equivocarme mucho si considero que me leen porque ofrezco rigor en la novela histórica haciendo creíbles los personajes —felices o desdichados que en la vida de un hombre es diferencia escasa— y, como el ejercicio literario permite la paradoja de consumar revelaciones usando embozos, la fantasía con la que relleno las lagunas de las narraciones que nos han llegado de los clásicos. En lo que concierne a los thriller y ciencia-ficción, posiblemente, y aparte de mantener el interés durante el desarrollo de la trama y de la variedad de personajes —todas mis obras son corales—, el lector se identifica con los protagonistas y los siguen a lo largo de las páginas en busca del final, que el canon obliga a ser sorprendente e inesperado.
El lado oculto
Hay varios temas recurrentes en su obra. La corrupción es uno de ellos. ¿Opina que vivimos en un mundo que favorece la podredumbre o simplemente es un buen tema para poner personajes en conflicto?

Puede que tenga razón y en mis obras aparezcan con frecuencia personajes que corrompen normas y voluntades, pero no en la acepción que damos en la actualidad a la palabra corrupción, tal como sobornar, cohechar a cualquier persona con dádivas o de otra manera, en cuya actividad se llevan la palma los políticos. Mis personajes no son malvados por naturaleza sino, como diría Ortega, a causa de sus circunstancias. Y no es que los ruines, y con ellos la corrupción, abunden ahora más que en otras épocas, sino que la diversidad de normas por las que se rigen las sociedades les hace aflorar bajo las formas y en los lugares más insospechados.
Y, naturalmente, esta clase de individuos son los que ponen la sal en el condimento de mis novelas.


Otro de los temas que le apasiona es el Camino de Santiago. Con Tú echa un pie adelante y luego el otro ha conseguido uno de sus mayores éxitos de ventas. ¿Qué significa para usted ser un peregrino?


Permítame una aclaración, la obra que menciona tuvo una tirada de cuatro mil ejemplares, vendida en su casi totalidad. El mayor éxito de ventas lo tiene la Guía del Camino de Santiago a pie, de la que se llevan vendidos más de cincuenta mil ejemplares, lo que para una obra tan especializada y dirigida a un público concreto no deja de ser un resultado satisfactorio.
En cuanto a la pregunta: peregrinar por el Camino de Santiago, significa sobre todo libertad en su más amplio sentido. Libertad, acompañada de humildad, porque es cuando el hombre andariego con su breve mochila a cuestas, acometiendo un generoso esfuerzo sin esperar ninguna retribución material, se percata de su insignificancia y de lo poco que se necesita para vivir en paz. El Camino consigue hacer pequeño al que se considera grande y hacer grande a todo peregrino que culmina el reto de llegar a Compostela.

Guía del Camino de Santiago a Pie

¿En qué autor o autores ha encontrado usted su mayor inspiración?

En alguna medida, puedo considerarme discípulo de Robert Graves, Mika Waltari, Jerôme Carcopino, Allan Massie, Colleen McCullough y Gore Vidal en lo que concierne a las obras cuya acción tiene lugar en la época imperial de los césares Augusto y Tiberio, como son El Centurión Pagano y El Denario de Oro; James Michener, John Grisham, Gary Jennings, Morris West y James Clavell han sido ejemplos de estilos a seguir en la creación de las novelas El Lado Oculto y Las Puertas del Tiempo.


Las puertas del tiempo
En su última novela, Agente Accidental, se atreve a mezclar géneros que en principio podrían parecer totalmente ajenos. ¿Cómo surgió la idea de su trama?

Durante cuatro años fui asiduo asistente cada mañana al parqué de la Bolsa, cuando la contratación bursátil por internet estaba en sus comienzos y la compra-venta de valores tenía lugar en los corros y a voz en grito. En ese tiempo tuve ocasión de casi arruinarme dos veces y otras tantas salir airoso, pero también de aprender y conocer los vericuetos y el lado oscuro de una actividad cruel donde la adrenalina se palpaba nada más sonar la campana que ponía en acción millones de euros y a miles de individuos capaces de enviar al geriátrico a sus madres por unos apuntes en sus carteras de valores.
Parte de aquellas vivencias dan origen a la trama de Agente Accidental a la que doté de un halo fantástico, ya iniciado en mi obra La Tecla Roja, en homenaje a mis autores preferidos, H.G. Wells, Isaac Asimov, Robert Heinlein, Larry Niven, Charles Logan y James Blish, los auténticos maestros del género.
Agente Accidental
Es un autor prolífico, de eso no cabe la menor duda. Así que es una pregunta obligada para nosotros la siguiente: ¿podría decirnos algo sobre su próximo proyecto?

Llevo tiempo dedicado a culminar una obra que sitúo en el tiempo, para mí el más interesante del imperio romano, del césar Tiberio, a cuyo personaje le tengo afecto porque considero que fue un gran hombre que, al contrario que su padrastro, Augusto, no supo manejar los hilos del agit-prop, y gente que le odiaba por no recibir honores y prebendas, como Tácito, crearon una leyenda falsa y maliciosa para hacerle pasar como un viejo pervertido, ruin y cruel. A la par, trato de concluir una nueva obra sobre el Camino de Santiago cuyo texto será enriquecido con más de 500 fotografías.
Pero al ser un autor indisciplinado que lo mismo está dos o tres semanas sin anotar una frase, como se levanta a las cinco de la mañana y se abraza al ordenata durante cinco o seis horas diarias, no puedo predecir cuando alguno de estos proyectos verá la luz. Como dijo el clásico, una novela no existe hasta que no sale de imprenta.

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